Hace ya una semana que volví a mi realidad, a la Lima que todos conocemos, llena de gente, tráfico y contaminación. No es que donde estuve no lo haya habido, pero parecía que no.
Estuve en un lugar llamado Talara, en Piura. Es un lugar en donde se pueden ver las estrellas de noche, en donde sentarte en la puerta de tu casa con tu familia en la noche a conversar es la cosa más común del mundo. En donde andar descalza es divertido. En donde el único lugar interesante al cual ir es la plaza. En donde tomar bebidas alcohólicas es como el agua del día a día y en donde ir a ver a Tony Rosado es la cosa más normal del mundo. Yo hice todo lo anterior mencionado.
Me fui escapando, debo reconocer, me fui para olvidar, porque quedarme en Lima no era una opción. Llegue para celebrar año nuevo y con la idea de quedarme solo dos semanas, me quede dos meses y quizá hayan sido una de las mejores vacaciones. Quizá porque sabía que ya no tendría una oportunidad para tener unas vacaciones largas, quizá porque es uno de los pocos lugares en donde me siento querida de verdad, en donde soy realmente yo, sin mascaras, sin nada.
Los atardeceres son increíbles, las playas deliciosas y la comida más aún. La gente es linda y hospitalaria. Sacarles la idea de limeña creída y atorrante fue tarea algo complicada, pero al parecer quererme no fue nada difícil. Cuando anuncie mi retorno a Lima me pedían que no me fuera y la verdad yo no quería hacerlo, lastimosamente mi vida esta aquí. Me queria quedar, pero para ser sincera no me quedaría toda mi vida, mas si lo hiciera por la única persona que realmente me importa.
Yo fui porque tenia heridas que necesitaba curar, quien iba a pensar que los que necesitaban de mi eran ellos, fui cuando era requerida y partí aun siéndolo. Muero por volver, añoro esas tardes de conversación, esas noches en el restaurante, esos fines de semana en donde la diversión no tenia fin, esos domingos en la playa, esas mañanas cuidando a mi sobrinita de 9 meses, esos días en los que hablaba y hablaba de todo con todos, esos te quiero sin fin y esos abrazos interminables. Pero sobre todos extraño esa facilidad de poder ver en todo momento a los que más quiero.


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