Hace unos días una amiga me conto, bien entusiasmada ella, que había conocido un chico y que le había dicho para estar, no para ser enamorados sino para estar (si, yo si le encentro diferencia, una grande-abismal-gigantesca, y sin exagerar). Lo conoció un domingo, y era martes, o miércoles o jueves. Yo le dije, algo atormentada, que si no le parecía que las cosas iban muy rápido, ella me respondió con una frase que me dejo pensado, y me llevo, de paso, a escribir esto: “Si vas a esperar conocer del todo a alguien nunca vas a estar con alguien”. Yo le dije que entonces preparo mi speech de dama de honor porque a este paso lo más probable es que en dos semanas se case. Se ofendió un poco.
Bueno, eso de conocer a una persona, que te guste y, como te gusto, a los dos días estar, no me parece, no va conmigo, no es para mí. Y no es que este mal. Porque que se yo que esta mal y que esta bien; pero en mi mundo las cosas no funcionan así. No se supone, digo yo, que para estar con alguien tienes que conocer a esa persona, no en profundidad, pero al menos las cosas básicas (no su color favorito, eso es medio estúpido –aunque importante al final-). Y para ser enamorada de alguien, bueno, ahí la cosa es diferente y ya no entro en eso.
He escuchado muchas historias sobre que Susanita estuvo 9 años con Pepito, terminaron –el amor se acabo, pues-, Pepito conoció a una chica en el Gym, y seis meses después BUM boda. Pasa, pasa todo el tiempo. ¿Qué diablos paso ahí?.
¿Cuánto es mucho tiempo y cuánto es poco tiempo?, ¿Cuándo es muy pronto? Y, sobre todo, ¿Cuándo es demasiado tarde-?

No hay comentarios:
Publicar un comentario