El príncipe soñado, el perfectito, el sapo que después de un beso -apasionado- resulta que era un hombre guapo, fuerte y viril.
De pequeñitas nos cuentas historias en las que un príncipe azul aparece, un príncipe que hace que todo sea perfecto. Por cosas de la vida he estado recordando y desempolvando estos cuentos de princesas, príncipes, hadas madrinas, hermanastras y brujas malvadas -y luego se preguntan como así desde tan chibolas se aprende a estereotipar-; y todos estas historias llenas de princesas -indefensas- de Disney son salvadas del mundo cruel en el que cayeron por un guapo caballero en su caballo blanco y con armadura. A la bella durmiente la despiertan con un beso y luego vive feliz para siempre. A Blanca Nieves también la despiertan con un beso y también vive feliz para siempre. A la Cenicienta se le pierde su zapato de cristal, el príncipe lo encuentre y –oh sorpresa- viven felices para siempre. La Sirenita, bueno ella cambia sus colas por piernas con la condición de quedarse muda pero luego recupera el habla y se queda con el príncipe para ser felices para siempre. La chica de la bella y la bestia termina ganadísima porque la bestia se convierte en un príncipe –que estaba encantado, como el sapo- y viven felices para siempre.
No es posible, digo yo, que todas estas historias con vidas llenas de tropiezos que terminan en un final feliz nos hayan afectado el cerebro–al menos un poquito-. O sea, esas fantasías nos jugaron una mala jugada pues, o ¿es que las mujeres necesitamos ser salvadas por nuestro príncipe azul?, y, lo peor de todo: ¿Se sigue con la idea de que algún día ese príncipe azul llegará? Yo no creo que exista un príncipe azul, pero –como muchas, asumo- se tiene muy metida por ahí la idea de que el hombre perfecto –o uno muy, muy, muy parecido- va a llegar. Así que, saboteamos todo lo que no se parezca a ello. O tratamos de fingir que se parecen hasta que nos damos cuenta que nada que ver y: adiós, que te vaya bien, ya no quiero nada, te puedes ir, pero recuerda si me divertí. Aunque se viva en un mundo lleno de: sólo estamos saliendo, no hemos definido que somos, es diversión, es sexo ocasional, somos amigos con derechos, sólo es sexo, si el juega yo también juego; igual se espera a ese baboso que cumpla todas las expectativas y se convierta en nuestro príncipe del que tanto nos contaban cuando éramos unas niñas.


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