Se supone que no debemos creer en los fairy tales, pero de chiquitas –inocentonas- nos cuentas esas historias en que somos medias indefensas y necesitamos de un príncipe para ser salvadas del mundo cruel en el que nos toco vivir, y hasta ser salvadas de nosotras mismas. Pero ya cuando vamos creciendo nos quitan la ilusión, nos la arrancan como nos arrancan las barbies y nos las hacen cambiar por maquillaje y besos a escondidas saliendo del colegio. “Hijita no creas en eso, eso no pasa en la vida real”, nos advierten, pero entonces para que diablos se pasaron toda mi infancia haciéndome creer en los finales felices, o para tal caso, en los finales felices con príncipes azules. O es una, o es otra. No me vengan con que si existen los finales felices en donde el malo acaba mal y el bueno sale triunfante, eso no pasa, al menos no con la justicia peruana, pero bueno eso es otro tema.
A lo que voy es que se supone que con el paso del tiempo debemos dejar esas fantasías, pisar piso, realidad, y enfrentar que eso no pasa, al menos no así de bonito. Pero, ¿será verdad que ya no creemos en eso?, o simplemente nos pasamos la vida intentando no creer. De niñita yo me ponía papel higiénico en la cabeza y en la falda (como una cola de vestido) y jugaba a que me casaba en la boda perfecta en la Catedral de Lima. Si, es cierto, por Dios que no miento. Y tengo entendido que muchas hacían lo mismo. Conozco chicas que jugaban con carritos y a la pelota. Bueno, yo no, y tu -mamacita- tampoco, acepta nomás, con la mano al pecho. Ah, por cierto en la boda perfecta estaba el novio perfecto que era un príncipe. Una vez mi papá me dijo que yo me tenia que casar con un príncipe, con nadie más, yo creo que a una niña eso la limita un poquito, ¿no?
Me fui del punto. Nos creemos autosuficientes, yo con migo sola puedo, no me quiero casar, no quiero una relación, no creo en el matrimonio, quiero ser soltera por siempre, para que quiero un hombre en mi vida si sola estoy bien. Si pues no, yo también en algún momento he dicho eso, y lo que más digo es que no necesito de un anillo para sentirme realizada. No lo necesito, pero muy en el fondo aún quizá lo quiero, pero eso si, no lo necesito. O sea, nos pasamos diciendo que no necesitamos a esos seres prácticos y locos por la pelota. Pero, por ejemplo, si tengo que ir a algún lugar a las 11 pm, yo prefiero que me acompañe uno de estos seres, o si tengo que irme a mi casa en plena madrugada también…
Y con respecto a los fairy tales, en el fondo aún si creemos un poquito –algunas ilusas más que otras- pero no queremos creer y luchamos todo los días para dejar de hacerlo. O, ¿soy solo yo?


